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TRATAMIENTO DEL OLOR
El control de olor es uno de los intereses primarios en las
instalaciones medio ambientales, especialmente si se ubican cerca de áreas
residenciales. La buena gestión del proceso y el quehacer cuidadoso puede
reducir los olores, pero en muchos casos todavía se requerirá algún método para
la reducción del olor.
El aumento de sensibilización de la sociedad con el medio
ambiente junto con las normativas cada vez más restrictivas en la emisión de
gases nocivos y molestos a la atmósfera hacen que la depuración de gases y
eliminación de olores tengan cada vez más importancia. Entre los sistemas de
depuración destaca la depuración biológica que aprovecha la capacidad de
algunos microorganismos para oxidar bioquímicamente las sustancias orgánicas e
inorgánicas que contienen los gases que se deben tratar. En muchos casos, la
biofiltración es la opción más económica y la más efectiva, y que, hoy en día,
es de uso generalizado.
Se exige la reducción de malos olores de las industrias, y las de
procesamiento de alimentos y el tratamiento de productos de origen animal son
algunas de las actividades más afectadas. La emisión de malos olores por parte
de las plantas que tratan los residuos puede ser en si mismas un problema, lo
cual es algo a tener en cuenta a la hora de decidir que tipo de planta de
tratamiento de residuos a instalar. Las naciones de la comunidad económica
europea deben de cumplir la legislación europea al respecto y las pautas
referentes al medio ambiente. Las directivas de
También es necesario el control del olor en multitud de procesos,
y hay varias opciones para el tratamiento del olor, incluyendo el químico, la
destrucción térmica y la biofiltración. Incluimos una comparación entre
sistemas.
DESTRUCCIÓN TÉRMICA
·
Requiere instalaciones complejas y de elevado coste de
adquisición
·
Consume energía
·
Puede permitir un aprovechamiento térmico del calor generado
·
Muy utilizado para eliminar disolventes y COVs en general
CARBÓN ACTIVO
·
Sistema en seco con peligro de condensación de humedad en el
lecho
·
Limitada eficacia frente a moléculas pequeñas como el amoniaco
·
Requiere frecuente regeneración o reposición del lecho
·
Apto para contaminaciones esporádicas
LAVADO QUÍMICO
·
Consume reactivos, a veces caros y peligrosos
·
Requiere mantenimiento intensivo por personal medianamente
cualificado
·
Se utiliza para caudales grandes
FILTRO BIOLÓGICO
·
Bajo coste de implantación y mantenimiento
·
Retiene mezclas de contaminantes con alto rendimiento
·
Técnica fiable y comprobada
·
Buena adaptabilidad a variaciones de contaminantes
·
Posibilidad de instalación descentralizada
Un biofiltro usa materiales orgánicos que son mantenidos a una
humedad adecuada para que tenga lugar el desarrollo microbiano para absorber y
degradar compuestos olorosos. El material, fresco y humedecido, procesa el aire
que se inyecta mediante una rejilla de tubos horadados en un lecho de
filtración. Los materiales que se usan para la construcción de biofiltros son
el compost, la turba, astillas de madera y corteza de árboles, a veces
mezclados con materiales biológicamente inertes, como la grava, para mantener
una porosidad adecuada.
El filtro puede ser inoculado con un cultivo de microorganismos
que crecen en los materiales orgánicos que hay en el aire residual procedente
de la planta. Utiliza los mismos procesos y organismos que se emplean
actualmente en las fases biológicas de tratamiento de las aguas negras. Al
inocular la biomasa con una amplia gama de organismos van a proliferar las
cepas que son capaces de alimentarse de las sustancias aportadas con la
corriente de aire. Así el filtro se auto adapta a las condiciones encontradas
en cada foco.
Las profundidades del lecho de biofiltro oscilan de
El proceso de la depuración biológica consiste esencialmente en
poner en contacto el aire saturado de humedad con un lecho fijo. Si no se puede
garantizar la saturación por las condiciones en el propio foco se suele
proceder a un pretratamiento mediante un sistema de duchas antes de conducir el
aire a la biomasa. En este lecho se adsorbe la carga contaminante en la
superficie del material de relleno o se disuelve en la película de agua que lo
rodea. Aquí servirá de alimento para la fauna microbiana presente en el mismo
entorno. Se podría decir que se pasa la contaminación atmosférica del aire a la
fase estacionaria para utilizar las mismas técnicas conocidas en la depuración
de las aguas residuales, con diferencia en la concentración de las sustancias
contaminantes, mucho más baja en el aire que en el agua, y un gran exceso de
oxígeno. La baja concentración limita el crecimiento de los microorganismos a
niveles que hacen imposible la aparición de grandes excesos de biomasa como se
produce en forma de fangos en las depuradoras de aguas residuales.
La presencia de oxígeno hace innecesaria una aireación adicional.
Por estas razones el proceso biológico en el tratamiento de los aires de salida
requiere incluso menos mantenimiento y es más estable que el tratamiento
biológico de las aguas negras. Esto nos lleva a la mayor ventaja de los filtros
biológicos frente a los métodos clásicos: su bajo coste de explotación.
Dado que los microorganismos actúan como catalizadores
específicos, desintegrando la carga contaminante con la ayuda del oxígeno
ambiental y regenerando por su actuación la capacidad del lecho de adsorber
nueva materia no se requiere la adición de reactivos caros y peligrosos ni
tampoco la reposición frecuente del lecho. En este último aspecto hay que
considerar que el compost y la corteza de pino son rellenos con una esperanza
de vida limitada mientras que los lechos basados en fibra de turba de alta
calidad pueden aguantar más de 10 años sin cambio de la biomasa. Además, la
fibra de turba es el tipo de relleno que mejor soporta la fauna bacteriana.
Estabiliza todo el proceso debido a su alta calidad como tampón de humedad y de
nutrientes. No obstante, el mayor precio de la turba hace que los sustratos más
utilizados sean los basados en compost de origen vegetal, con el que se pueden
garantizar hasta 5 años de vida, siendo la real, naturalmente, muy superior.
Finalmente los sistemas biológicos retienen incluso sustancias
que no son depuradas en los sistemas clásicos. Por ejemplo se ha demostrado en
varios estudios la eliminación de hidrocarburos y disolventes orgánicos en la
etapa biológica.
El manejo de todos los componentes integrantes de un equipo
biológico es sencillo y puede ser llevado a cabo fácilmente por personal sin
conocimientos específicos adicionales. Lo más esencial es la vigilancia del
correcto contenido de humedad de la biomasa. La inspección y limpieza del
sistema de humidificación y del ventilador presente en todos los sistemas de
desodorización tampoco son complicadas.
Si no hay amplias superficies disponibles se puede realizar
instalaciones descentralizadas. Este diseño es siempre aconsejable ya que
permite construir equipos menores y más fáciles de colocar en posibles huecos.
Sus aplicaciones más usuales se dan en instalaciones de
tratamiento ambiental (depuradoras, plantas de tratamiento y bombeo,
instalaciones de compostaje, RSU,...) y en procesos industriales, como la
industria química, tostadoras de café, tratamiento de aves, producción de
sabores y fragancias, mataderos, salas de despiece...
Es una tecnología apta para emisiones con niveles medios de
sulfuro de hidrógeno, amoníaco, COV's y en general aquellas instalaciones en
las que se originan olores de procesos de degradación biológica o manejo de
productos orgánicos.
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